+ LECTURA DE CUENTOS

Alias alumno: Jen

Tutor: Claudia Berenice Gutierrez Barba

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Un sueño largo de terror

Había una vez una niña llamada Liliana. Era una niña muy buena, excelente hija y estudiante, separaba la basura, era ecológica.

Un día, mientras dormía, gritaba desesperadamente:

- ¡No por favor! ¡No maten a los animales!

Repitió lo mismo durante varias noches, el sueño era muy feo...

Caminaba por el bosque muy felizmente como todos los días, por las tardes se sentaba a la sombra de su árbol preferido leyendo un libro con su conejo Félix, el cual le había regalado su primo Matías. Después de un rato se quedó dormida, su conejito corrió al centro del bosque y regresó muy asustado con Liliana. Félix la movió con todas sus fuerzas, más Liliana no despertaba.

Todos los animalitos del bosque también corrieron asustados, Liliana despertó, pero ya era demasiado tarde: unos cazadores tenían a todos los animalitos encerrados en jaulas, hasta a su conejito. Liliana intentó ayudarlos pero las jaulas tenían candados; trató y trató más no lo logró.

Cinco horas después, Liliana vio que los cazadores hablaban por teléfono a unos leñadores, lo cuales llegaron al bosque con hachas muy afiladas, cierras eléctricas y hasta con machetes... comenzaron a cortar -¡TAC! ¡TAC! ¡TAC!. Liliana, que era muy astuta, llamó a todos los servicios policíacos, pero... ¡las líneas estaban ocupadas!. Las personas malas lograron su meta: cortaron todos los árboles del bosque.

Las personas de ese lugar llegaban a sus casas sin poder respirar, les faltaba el aire pues habían cortado los árboles de ese bosque tan hermoso; pero Liliana, que era muy inteligente, había guardado un poco de todas las especies en un lugar secreto.

Liliana logró rescatar a las personas buenas y refugiarlas, rescató a varios animalitos también, pero no descansó hasta poder salvarlos a todos. Mientras los cazadores y leñadores dormían, Liliana aprovechó y les quitó las llaves, así pudo salvarlos de los malvados. 

- Hija, ¿Cómo haremos para darles de comer a cada una de las personas? - dijo la mamá de Liliana.

- Hay árboles y plantas de frutas y verduras, les podremos dar aunque sea sólo eso - contestó ella.

La contaminación seguía creciendo, El planeta estaba a punto de destruirse por completo. El bosque parecía desierto. Los arquitectos Robots, que tenían el cerebro de una persona, construyeron edificios en aquel bosque y en todo el planeta, el pueblo, en vez de tener personas eran robots inteligentes. Las únicas personas vivas eran las rescatadas por Lililana y su mama Esteisy.

Liliana intentó salir del escondite, pero al salir, no podía respirar bien por tanto humo y gases tóxicos; el oxígeno para los robots no existía pues no lo necesitaban, sólo había combustible. En ese mundo todo era una farza, nada era real.

De pronto, Liliana despertó. Estaba muy asustada, volteó a todos lados y descubrió que todo fue un sueño terrible. Se levantó, se puso sus pantunflas y fue al cuarto de sus padres y hermanos. Caminó a la cocina a tomar un vaso de agua y se fue a dormir de nuevo. Esa noche, volvió a soñar igual.

Liliana decidió ponerse un taque de oxígeno con una planta adentro, para purificar el dióxido de carbono de los robots. Salió todos los días y fue sembrando cada una de las semillas que llevaba en su mano. Los robots se sorprendieron porque su mundo, sin vida y sin color, se convertía en un mundo con plantas vivas de colores, blancas, rosas, rojas y hasta tintas. Los robots se emocionaron con este cambio y comenzaron a sembrar, la contaminación se redujo, el planeta volvió a ser verde como lo era antes, el sol volvió a brillar, las personas pudieron salir y vivir de nuevo. En este nuevo mundo, las personas y los robots vivieron en paz, se llevaron muy bien y fueron felices.

Liliana despertó: era hora de ir a la escuela, apagó el despertador, se levantó, tendió su cama, se bañó, cepilló sus dientes y cabello y le contó a su mamá lo que soñó. Fue a la escuela y a la hora del recreo entretuvo a todo su salón con su hermoso, y a la vez terrible, sueño.

Desde entonces, los seres humanos cuidan los árboles, revisan sus carros antes de salir de su casa, se van en grupos para no contaminar, se llevan muy bien con los animales a quienes tratan como si fueran humanos.

Liliana creció y se convirtió en una gran ecologista, su conejo Félix la acompaña a todas partes, no se separaban ni para dormir. Las personas la admiraban porque el mundo volvió a ser el planeta verde, gracias a que ella era muy valiente protegiendo a las plantas y los animales. Desde entonces, el mundo verde vivo, vivió muy feliz.

FIN

Un sueño largo de terror

Había una vez una niña llamada Liliana. Era una niña muy buena, excelente hija y estudiante, separaba la basura, era ecológica.

Un día, mientras dormía, gritaba desesperadamente:

- ¡No por favor! ¡No maten a los animales!

Repitió lo mismo durante varias noches, el sueño era muy feo...

Caminaba por el bosque muy felizmente como todos los días, por las tardes se sentaba a la sombra de su árbol preferido leyendo un libro con su conejo Félix, el cual le había regalado su primo Matías. Después de un rato se quedó dormida, su conejito corrió al centro del bosque y regresó muy asustado con Liliana. Félix la movió con todas sus fuerzas, más Liliana no despertaba.

Todos los animalitos del bosque también corrieron asustados, Liliana despertó, pero ya era demasiado tarde: unos cazadores tenían a todos los animalitos encerrados en jaulas, hasta a su conejito. Liliana intentó ayudarlos pero las jaulas tenían candados; trató y trató más no lo logró.

Cinco horas después, Liliana vio que los cazadores hablaban por teléfono a unos leñadores, lo cuales llegaron al bosque con hachas muy afiladas, cierras eléctricas y hasta con machetes... comenzaron a cortar -¡TAC! ¡TAC! ¡TAC!. Liliana, que era muy astuta, llamó a todos los servicios policíacos, pero... ¡las líneas estaban ocupadas!. Las personas malas lograron su meta: cortaron todos los árboles del bosque.

Las personas de ese lugar llegaban a sus casas sin poder respirar, les faltaba el aire pues habían cortado los árboles de ese bosque tan hermoso; pero Liliana, que era muy inteligente, había guardado un poco de todas las especies en un lugar secreto.

Liliana logró rescatar a las personas buenas y refugiarlas, rescató a varios animalitos también, pero no descansó hasta poder salvarlos a todos. Mientras los cazadores y leñadores dormían, Liliana aprovechó y les quitó las llaves, así pudo salvarlos de los malvados. 

- Hija, ¿Cómo haremos para darles de comer a cada una de las personas? - dijo la mamá de Liliana.

- Hay árboles y plantas de frutas y verduras, les podremos dar aunque sea sólo eso - contestó ella.

La contaminación seguía creciendo, El planeta estaba a punto de destruirse por completo. El bosque parecía desierto. Los arquitectos Robots, que tenían el cerebro de una persona, construyeron edificios en aquel bosque y en todo el planeta, el pueblo, en vez de tener personas eran robots inteligentes. Las únicas personas vivas eran las rescatadas por Lililana y su mama Esteisy.

Liliana intentó salir del escondite, pero al salir, no podía respirar bien por tanto humo y gases tóxicos; el oxígeno para los robots no existía pues no lo necesitaban, sólo había combustible. En ese mundo todo era una farza, nada era real.

De pronto, Liliana despertó. Estaba muy asustada, volteó a todos lados y descubrió que todo fue un sueño terrible. Se levantó, se puso sus pantunflas y fue al cuarto de sus padres y hermanos. Caminó a la cocina a tomar un vaso de agua y se fue a dormir de nuevo. Esa noche, volvió a soñar igual.

Liliana decidió ponerse un taque de oxígeno con una planta adentro, para purificar el dióxido de carbono de los robots. Salió todos los días y fue sembrando cada una de las semillas que llevaba en su mano. Los robots se sorprendieron porque su mundo, sin vida y sin color, se convertía en un mundo con plantas vivas de colores, blancas, rosas, rojas y hasta tintas. Los robots se emocionaron con este cambio y comenzaron a sembrar, la contaminación se redujo, el planeta volvió a ser verde como lo era antes, el sol volvió a brillar, las personas pudieron salir y vivir de nuevo. En este nuevo mundo, las personas y los robots vivieron en paz, se llevaron muy bien y fueron felices.

Liliana despertó: era hora de ir a la escuela, apagó el despertador, se levantó, tendió su cama, se bañó, cepilló sus dientes y cabello y le contó a su mamá lo que soñó. Fue a la escuela y a la hora del recreo entretuvo a todo su salón con su hermoso, y a la vez terrible, sueño.

Desde entonces, los seres humanos cuidan los árboles, revisan sus carros antes de salir de su casa, se van en grupos para no contaminar, se llevan muy bien con los animales a quienes tratan como si fueran humanos.

Liliana creció y se convirtió en una gran ecologista, su conejo Félix la acompaña a todas partes, no se separaban ni para dormir. Las personas la admiraban porque el mundo volvió a ser el planeta verde, gracias a que ella era muy valiente protegiendo a las plantas y los animales. Desde entonces, el mundo verde vivo, vivió muy feliz.

FIN